Justicia divina

Ayer falleció Sabino Montanaro, una persona conocida en Paraguay por su relación con la dictadura  y la gran lista de violaciones a los derechos humanos. Y hoy es 11 de setiembre. Ambas situaciones me hicieron pensar en la justicia que la humanidad busca. 

Intentaré explicarles dos tipos de justicia.
La justicia “humana”, esta que deja pasar el elefante y filtra el mosquito.
Esta justicia, representada por la ciega e imparcial mujer con la balanza, y que no funciona en la mayoría de los casos. Ni en Latinoamérica ni en el país más justo del mundo. Esta justicia que mete a ladrones a la cárcel y los devuelve a la sociedad después de unos años con un post grado en delincuencia. Entran ladrones de gallinas y salen asesinos y violadores.
Esta justicia que permitió que hombres como Mengele mueran en un hogar, y que otros no sean juzgados nunca. 
A esa justicia Dios la llamó trapo de inmundicia.
Dice el Profeta Isaías en la Biblia:
"Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento"
Trapo de inmundicia: toallas para la menstruación, en el hebreo literal.
Ahora quiero hablarles de la “otra justicia”
Saulo era un asesino perseguidor de cristianos. Él, según cuenta la Biblia, apedreaba cristianos.
Junto a la  cruz donde fue juzgado Jesús, (por hablar en contra de la religión de los fariseos), moría un ladrón, un sinvergüenza que merecía morir allí. Eso sí que era justicia. Que se muera y sufra, supongo que pensaba la gente que había sido afectada por la mala vida de este tipo. Imagino a la esposa del hombre que murió en uno de sus asaltos, y a los huérfanos festejando que la justicia había llegado al fin, cuando el reo moría de asfixia en la cruz y cuando un soldado romano le rompía las piernas, para que muera más rápido. Y vuelvo al presente y trato (sé que no puedo) de meterme en el alma de las personas a las que gente como los mencionados anteriormente, hicieron sufrir horrores y no vieron “justicia”.
Lamento comunicarles que el asesino de cristianos: Saulo de Tarso, después se cambia de nombre y se llama San Pablo.
Lamento comunicarles que el ladrón, recibió el perdón de nada más y nada menos que de la boca de Dios, ahí en su último suspiro. Y lo más cercano a nosotros es que también sé, que Montanaro conoció ese perdón, y que probablemente Dios lo haya perdonado.
Esa justicia tampoco es justa. Dios garantiza ese perdón a cualquier persona que crea que Jesús pagó el precio del perdón. No importa la magnitud del pecado. No se dónde están estos hombres que mencioné anteriormente. Pero si pidieron perdón está garantizada su salvación. No pagó en la tierra porque la justicia humana no funciona. Y no pagará en la eternidad porque la misericordia y el perdón de Dios no tienen límites. Espero no herir los sentimientos de nadie pero era mi obligación explicarles la magnitud del perdón de Dios. Si no te arrepentís te vas al infierno por poca cosa, y si te arrepentís Dios te perdona aun el genocidio y la tortura.
Y sí, esta es la justicia de Dios.


Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.
    Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.
    El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
     Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.
     Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.





1 comentario:

  1. La verdad, asi mismo es. No podriamos comprender como Dios obra, pero se que esa mismoa misericordia que le toco al ladron, estando en la cruz junto a Jesus, Jesus le dijo HOY mismo estaras conmigo en el paraiso.
    Nunca pasa una mañana de Pascua sin que se reviva ávidamente la experiencia del ladrón en la cruz y la seguridad de Jesús de que estaría con él en el paraíso ese mismo día."Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso" (Lucas 23: 42, 43).

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